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He llorado después de hablar con tus padres


Tabitha Farrar publicó este post en su blog y me tocó tanto el corazón que decidí traducirlo con ayuda de mi querida Lara Moyano. ¡Me siento tan reconocida en estas líneas! Yo también lloro cuando hablo con los seres queridos de una persona con un trastorno alimentario. Lloro tanto por ellos como por la persona afectada, ya que los TCA son un infierno para todos. Pero también lloro de pura impotencia ya que no, yo tampoco puedo hacer que quieras recuperarte. Eso sí, seguiré contándote la verdad.

"He llorado esta noche después de hablar con tus padres. Lloro a menudo después de hablar con padres. Tengo cientos de motivos para hacerlo. Intentaré resumir algunos aquí. La principal razón es que no puedo responder a la única pregunta que los padres quieren tan desesperadamente que les conteste: “¿Cómo puedo hacer que mi hijo quiera recuperarse?”.

No puedo contestar a esa pregunta porque la respuesta no existe. Me he devanado los sesos durante años y todavía no se me ocurre ni una sola cosa que mis padres me pudieran haber dicho o hecho que hubiera logrado que quisiera recuperarme cuando no quería. Por eso tengo que ser sincera y les tengo que decir a los padres que en verdad no pueden hacer que su hijo quiera recuperarse. Y odio decirlo porque eso me hace sentir inútil. Todo este conocimiento que tengo sobre los trastornos alimentarios y su recuperación y aun así no puedo responder a la pregunta más importante de todas. Me siento inútil.

He llorado porque tus padres te aman. Aunque esto último tiene que ver más conmigo que contigo. Creo que es porque durante mucho tiempo fui incapaz de conectar con alguien lo suficiente como para sentirme querida. Sabía que mi familia me quería pero era incapaz de sentirlo emocionalmente. El cerebro malnutrido es fascinante y cuando el cuerpo no tiene energía suficiente, el resto (todas las cosas que hacen tan valioso al ser humano) se desvanece. La capacidad para sentirnos conectados y queridos fue una de esas cosas para mí. Y me duele recordarlo, porque fue una época vacía.

También he llorado porque hablar con tus padres y ver su dolor me ha recordado, con toda la crudeza, el dolor al que sometí a mis propios padres. Mi trastorno alimentario fue una tortura para ellos. Hace tiempo que me he perdonado por ello, pero no significa que no pueda lamentarlo. No me odio por lo que pasó, pero queda la tristeza cuando me recuerdan todo el sufrimiento al que les sometí.

He llorado porque he pensado en ti. No nos conocemos. No vas a hablar conmigo, pero te conozco. Sé que tus arrebatos y tu ira son fruto del miedo. Y sé que cuando te sientes amenazado, le dices cosas despreciables a la gente que te quiere. Y sé que te odias después de hacerlo. Sé que te sientes atacado e incomprendido. Sé que en el fondo lo que quieres es fundirte en brazos de tus padres y dejarles que te den de comer, pero no puedes hacerlo. Y sé lo harto que estás de esta situación y a la vez lo que te aterra pensar en no estar en esta situación. Sé lo solo que te sientes. Yo misma estuve en esa situación demasiado tiempo.

Sé que una parte de ti escucha cada vez que tus padres se confrontan contigo. Y sé que aparentas desesperadamente estar bien. Sé que eres terco y que quieres creer que no te pasa nada malo. Son ellos, no tú. Y sé que en el fondo no te lo crees.

Esa es una de las razones por las que te irritas tanto cuando te preguntan. Por eso estás a la defensiva. Te quieren lo suficiente como para confrontarse contigo y odias que lo hagan. También sé que una parte de ti les suplica que lo hagan más a menudo. Aunque si lo hicieran, sabes que pondrías más resistencia. Saber esto te deja desesperanzado. Necesitas ayuda, pero no puedes aceptarla.

Recuerdo que muchas veces salía hecha una furia de casa de mis padres, con rabia después de haberle gritado a mi madre porque se había atrevido a decirme la verdad: “No estás comiendo suficiente” o “estás muy delgada”. Dios, cómo la odiaba en esos momentos. La rabia que sentía cada vez que decía esas palabras me hacían decirle cosas horribles. Cosas que me avergonzaba de haber dicho. La acribillaba con palabras y motivos “científicos” por los que ella se equivocaba y yo tenía razón. Y después me iba, temblorosa. Me subía al coche y conducía a mi solitario piso, a mi pequeña cama. Solo pasaban unos minutos desde que me subía al coche y la rabia se desvanecía para dejar paso a la tristeza. Lloraba durante el camino a casa. Muchas de esas lágrimas eran por sentirme culpable por ser tan mezquina. La mayoría eran por sentirme sola, perdida y cansada.

Así que, sí, he llorado después de que tus padres me dijeran las discusiones que tenéis y la rabia con la que te comportas a veces. Porque sé lo doloroso que fue para mí cuando era tú.

Esta noche les he dicho a tus padres que no puedo hacer que te recuperes. Pero les he dicho que sigan diciéndote la verdad, a pesar de que odies oírla. Porque sé que detrás de todos esos berrinches y de tu arrogancia hay una parte de ti que está gritando: "No estoy bien". Y si seguimos hablándole a esa parte, se hará más grande. Hasta que un día reconozcas que no estás bien. Y eso, eso será el inicio de tu recuperación."

Ojalá que estas palabras resuenen contigo y contemples la recuperación como una opción. Y a los padres, parejas y demás seres queridos de la persona con TCA: sé que os podéis sentir cansados, tristes, desesperados, frustrados, impotentes... pero, por favor, no tiréis la toalla y seguid contando la verdad. Un abrazo a todos. 

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Otras personas han comentado ...

Yolanda
06-04-2020
Dios, no puedo dejar de llorar, soy una madre y mi hija aún no sabe salir de ahí. Gracias por tu artículo, por lo menos sé que el odio es por su trastorno. Dios quiera que salga .

Respuesta:


Gracias por tu comentario, Yolanda. Te siento y me estremece pensarlo porque yo también estuve en el lugar que está ahora tu hija, que es el lugar oscuro y frío donde están muchas personas ahora mismo atrapadas por el trastorno. Sí, ese "odio" que comentas es generado por el propio trastorno, por ello es tan importante separar a la persona (tu hija) del trastorno. Puede superar el trastorno y entonces quedará la persona. Hay un trabajo que sólo ella puede hacer pero mientras aunque sea con mucho dolor y cansancio, por favor, seguid diciéndole la "verdad", como esas conductas que le dañan o la gravedad de su estado. Un abrazo fuerte.

Sandra
29-02-2020
Me siento tan reflejada en estas palabras. Ha sido la historia de la relación con mis padres a lo largo de mi TCA. Creo que no podré reparar jamás el daño que les he causado. Me encantaría dejar de ser una preocupación para ellos. Gracias por tu blog!

Respuesta:


Gracias por tu aportación, Sandra. La experiencia pasada ya no se puede cambiar pero sí puedes aprender de ella. Hay muchas cosas que decimos y hacemos cuando tenemos un TCA que no las sentimos realmente sino que son provocadas por el propio trastorno. Algo que me ayudó a mi fue reconocerlo, aceptarlo y pararme a respirar y pensar antes de responder a mis seres queridos cuando me hacían comentarios sobre mi estado de salud ya que en muchos casos son bien intencionados. La mejor forma de aliviar la preocupación de tus padres es recuperándote. Un abrazo.

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