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Hacia una recuperación total: ¡No te quedes a medias!


Quizá os sorprenda que utilice los adjetivos “total, completa o real” para referirme a la recuperación. Podéis pensar que soy un poco pesada con este concepto de recuperación total, pero lo cierto es que resulta esencial para no caer en el auto-engaño y liberarse del trastorno alimentario. La recuperación total o real se opone a la llamada recuperación parcial o cuasi-recuperación. Recuerdo haber leído este concepto por primera vez en un grupo de apoyo en Facebook donde personas en recuperación de TCA de todas partes del mundo compartíamos apoyo y empatía, pero también conocimientos e información rigurosa. ¡Es increíble lo que personas decididas a recuperarse de un TCA pueden llegar a aprender del mismo!


Mi primera reacción al leer sobre la cuasi-recuperación fue “¡Guau, aquí es donde estoy y he estado tantos años!”. Pero ¿qué demonios significa cuasi-recuperación? Básicamente significa que estás mejor en comparación con el peor estado en el que estuviste en el pasado, pero que no estás ni mucho menos bien del todo desde el punto de vista físico, mental o emocional. Quizá has ganado unos kilos, mejorado tu estado nutricional o aspecto físico; quizá has reducido las conductas desordenadas con la comida, el cuerpo o el ejercicio; quizá tienes menos pensamientos obsesivos o rituales; quizá te sientes un poco mejor con tu imagen corporal y autoestima; o quizá has completado tus estudios, tienes un buen trabajo o has formado una familia. Todo esto es posible en una cuasi-recuperación, lo que puede llevar a otras personas y a ti mismo a creer que estás bien. 

No obstante, a pesar de esa mejoría en el fondo de ti sabes que no estás recuperado. Y lo sabes porque aún controlas tu peso para que esté dentro de un determinado número o IMC, te prohíbes comer ciertos alimentos, usas el ejercicio para modificar tu cuerpo o castigarlo por haber comido algo “indebido”, sientes culpa al comer algo que juzgas como “excesivo” o “insano”, evitas comer en público o ir a restaurantes, viajes o eventos sociales, dedicas demasiado tiempo a pensar qué comerás, cuándo, cuánto, etc. Además, si no has completado tu rehabilitación nutricional puedes tener aún síntomas físicos de malnutrición como amenorrea o alteraciones del ciclo menstrual, problemas gastrointestinales, baja energía, baja libido, frío constante, tensión baja, osteopenia, mal estado de uñas, pelo o dentadura, anemias y otras alteraciones en las analíticas (ej., zinc, potasio, colesterol, glucosa).

La cuasi-recuperación te permite llevar una vida relativamente funcional y aparentemente normal a ojos de inexpertos o desconocidos. Sin embargo, sabes por experiencia que se trata de un estado muy vulnerable de manera que cuando la vida se complica o se vuelve más incierta (como la pandemia de coronavirus) y te demanda cambios, adaptaciones o altera tu estado emocional, ¡pumba! Esos síntomas del TCA que pensabas que los tenías bajo un (falso) control resurgen con fuerza. En estos momentos se suele hablar de recaídas, aunque habría que hablar mejor de empeoramiento porque quizá nunca estuviste recuperado. Estoy segura que te vienen momentos así a la cabeza, especialmente si llevas años con el TCA. Por ejemplo, recuerdo la recaída que tuve al irme de casa de mis padres y empezar mi primer trabajo serio o la recaída después de dar a luz a mi hijo.

Esas recaídas nos ponen de nuevo los pies en la tierra ya que a menudo el TCA nos engaña haciéndonos creer que ya estamos recuperados, que estamos bien y que no necesitamos seguir avanzando, retándonos o recibiendo ayuda. De esas recaídas se puede aprender mucho y también pueden servir de base o incentivo para una recuperación completa como me sucedió a mí. A menudo me preguntan, “Miriam, ¿cómo sabes que estás recuperada?”. Y lo primero que me sale es, “cuando lo estás, lo sabes”. Luego elaboro más mi respuesta con ejemplos concretos como la libertad para hacer lo que quieras con tu vida sin las restricciones que antes tenías, el espacio mental para pensar en 1000 cosas más interesantes que comida o gasto energético, el rechazo frontal a la cultura de dieta, ver la restricción como algo absurdo y no entender cómo has podido prohibirte el chocolate durante años, comprobar que los antiguos detonadores (triggers) ya no tienen ningún impacto sobre ti, disfrutar comiendo lo que te apetece, sentir placer en tu cuerpo, vivir sin cientos de reglas y rituales odiosos, actuar de forma espontánea, ser yo misma, etc. 

En la literatura científica no existe consenso sobre la definición de recuperación, lo que impide que se puedan establecer comparaciones entre los diferentes estudios. A día de hoy los especialistas en trastornos alimentarios están de acuerdo en que se necesita una unificación y ampliación del concepto de recuperación (artículo para saber más). Pero mientras que se ponen de acuerdo, os dejo una definición más clara y real de recuperación de un TCA de la mano de Tabitha Farrar. Los marcadores mentales de la recuperación son: 

> La comida deja de desencadenar tantas emociones: la comida deja de ser el “tema”. El cerebro no necesita generar emociones negativas para desincentivarte a comer (miedo, asco, vergüenza…) y tampoco genera emociones positivas tan intensas para motivarte a combatir la malnutrición (deseo, obsesión con la escasez…). La restricción deja de sentirse como un logro. No sientes ansiedad si desconoces las calorías o los ingredientes.

> Se reduce la hipervigilancia en torno a la comida: no recuerdas cada detalle de lo que has comido porque ya no es importante, dejas de percibir todo lo que otros comen y compararte, puedes decidir qué comer sin problemas y comer espontáneamente.

> El hambre mental se desvanece. Cuando estás fuera del déficit energético, no se necesita más. Cada vez pensarás menos en comida. Puedes tener tarta de chocolate en la nevera y ni acordarte. Puedes centrarte en una película o lectura durante 2 horas seguidas. 

> Piensas mayoritariamente en cuestiones que no son comida: trabajo, estudios, familia, amigos, sexo, ocio, etc. Tu cerebro no necesita obsesionarse con comida.

> Cesan las conductas restrictivas, purgativas y obsesivo-compulsivas. Los impulsos de moverte continuamente, purgarte o restringir desaparecen.

> Los efectos mentales de la malnutrición desaparecen. Te sientes más sociable, espontánea y flexible, así como menos irritable, enfadada y ansiosa. Aumenta tu capacidad de sentir compasión y empatía por otros. Desarrollas intereses y aficiones más allá de la nutrición, el ejercicio o la imagen física. 

> La nube mental se esfuma. Cada vez piensas con más claridad y puedes notar cambios de percepción como colores más vívidos y olores más intensos. 

¿Os habéis fijado en que no hay un indicador de peso o IMC "ideal"? La recuperación es sobre todo un estado mental y no un peso marcado por una tabla, calculadora o médico. No se puede asumir que como el peso está dentro del rango "normal" de IMC la persona está nutricionalmente rehabilitada. Deja que tu cuerpo te guie en el proceso de rehabilitación nutricional, ¿cómo? Alcanzando el rango de peso saludable para TU cuerpo que te permita sentir todos los cambios en el estado mental descritos arriba. Ni tú ni nadie tiene que controlar el peso o tamaño de tu cuerpo. Para eso está capacitado tu cuerpo, si le permites trabajar. 

Con esa imagen de recuperación total comencé yo mi propio proceso. Me negaba a empezar por enésima vez una recuperación para estar sólo un poco mejor o pasarme la vida dos pasitos para adelante y dos pasitos para atrás como la canción de Ricky Martin. Así, comencé mi proyecto con la determinación de recuperarme totalmente, era mi último intento y lo iba a conseguir. Y cuando empiezas así, os aseguro que empiezas desde otro lugar.

Ese es el mismo enfoque de recuperación que sigo ahora con personas a quienes acompaño o asesoro. Tristemente, muchos programas y centros de tratamiento se aproximan a la recuperación de manera parcial lo que lógicamente sólo produce resultados parciales. A menudo la rehabilitación nutricional se termina de manera prematura y la reprogramación mental se aborda superficialmente. ¿Por qué? Por múltiples razones como falta de recursos por parte del proveedor público de salud, falta de recursos económicos para asumir el coste del tratamiento privado, abandono prematuro del programa, formación inadecuada del personal sanitario en trastornos alimentarios, etc. En cualquier caso, el proceso de recuperación concluye en un estado de cuasi-recuperación que puede sentar las base para una recaída o empeoramiento posterior, alargando así el trastorno de manera indefinida a menos que algo o alguien rompa esa inercia, a menudo la propia persona afectada que está harta de vivir así. 


En este artículo desarrollado para el blog de Proyecto Princesas he hablado del destino o la meta última del camino que no es otro que la recuperación total. En el próximo artículo describiré, en mi opinión, los pasos esenciales para andar ese camino. 

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Otras personas han comentado ...

Berenise
29-04-2020
Quería saber valores y cómo trabajas. Soy de Argentina. Besos.

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Hola Berenise. Este tipo de preguntas puedes enviarlas a través del email de contacto. Gracias.

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