Esta web utiliza cookies para darte la mejor experiencia al consultarla. Si continúas navegando en ella, implica que estás de acuerdo. Aquí puedes consultar la política de privacidad de TCA Recovery Coach.
Entendido


¿Cuántas calorías necesito para recuperarme de TCA o dietas restrictivas?


Somos curiosos por naturaleza. Todos sentimos en alguna medida la necesidad de entender, controlar y hasta cuantificar lo que nos rodea, es una necesidad provocada por el miedo a lo desconocido y el deseo de sentirnos seguros. Esta necesidad es adaptativa y útil cuando tiene un fin positivo (desarrollar medicamentos, proteger el medioambiente, defender los derechos humanos…) pero en ocasiones puede volverse en contra de nuestro bienestar como ocurre al intentar calcular lo que “debemos” comer, pesar, caminar, ejercitarnos, dormir, etc. Esta obsesión por controlar todo lo que hace nuestro cuerpo está muy presente en nuestra sociedad que ensalza la delgadez como sinónimo y requisito de salud, éxito y felicidad. 


Afortunadamente, los seres humanos no somos máquinas sino organismos vivos y complejos que evolucionan y se adaptan a las circunstancias (Dooner, 2020). No vivimos un día igual al otro y no consumimos ni gastamos lo mismo todos los días ni a lo largo de las distintas etapas de nuestra vida. Por tanto, no podemos pretender pesar lo mismo siempre ni comer de la misma forma, sencillamente no podemos controlarlo. El ser humano no se inventó a sí mismo, por lo que es imposible que podamos conocernos de manera matemática. 

Dicho esto, sí podemos establecer una aproximación de la energía que necesitamos para vivir en función de factores como edad, sexo, medidas corporales o actividad física. El problema está en que esos datos aproximativos no son los que crees en base a lo que te ha dicho una calculadora de calorías, un entrenador personal o un profesional de la salud, quienes generalmente trabajan desde el paradigma de salud centrado en el peso (en adelante, PSCP) y por tanto son parte interesada en la llamada cultura de dieta (Bacon, 2008).

En este artículo vamos a desarrollar y justificar esta premisa general pero antes de entrar en materia queremos dejar algo claro. Si pretendes recuperarte de un trastorno alimentario o alimentación restrictiva (ej., anorexia atlética, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, ortorexia, ciclos de restricción-atracón, dietas recurrentes, etc.), no necesitarás las mismas calorías que un adulto sano, con peso estable y sin deuda energética. ¡Necesitarás muchas más! Esto parece obvio, aunque te asuste, porque tu saldo energético actual es negativo. ¡Estás en números rojos! Te preguntarás: ¿Cuántas calorías necesito entonces para recuperarme? Vamos a intentar responder a esta pregunta en los siguientes párrafos. 

¿De dónde demonios vienen las recomendaciones energéticas? 
Si os decimos que serían un mínimo de 2500 kilocalorías diarias (más si eres menor, sobrepasas cierta altura, llevas un estilo de vida activo, etc.), tu cerebro puede reaccionar con miedo y bombardearte con pensamientos tipo: ¡Pero si la OMS dice que una mujer debe consumir 1600-2000 kcal/día y un hombre 2000-2500 kcal/día para estar “sanos”! ¡Pero si mi nutricionista, endocrino, entrenador o pulsera de fitness me dicen que gasto sólo 1500 kcal! ¡Pero si comiendo menos gano peso! No entiendo nada, ¡acabaré con “obesidad”! Decís tonterías, es imposible que el mundo entero esté equivocado. 

Pues sí, ¡lo está! Veamos por qué. Todos esos cálculos sobre cuánta energía necesitamos o cuál es nuestro peso ideal están basados en estudios de dudoso rigor científico, diseñados por investigadores dentro del PSCP, con raíces profundas en la cultura de dieta y una potente industria de la dieta/belleza detrás lucrándose a costa de la gordofobia y las inseguridades inoculadas en la población (Dooner, 2020). ¿Os imagináis que pasaría si de repente la gente dejara de consumir sus miles de productos reductores, dietas milagro, complementos alimenticios, fármacos adelgazantes, libros de dietas, retiros de ayuno, tratamientos détox, cirugías bariátricas, tratamientos estéticos, etc.? 

Inicialmente para obtener una estimación de las calorías diarias que necesitábamos para vivir se realizaban encuestas de salud a adultos sanos (esto es, con peso estable y sin alimentación restrictiva). Estas encuestas solicitaban a los participantes un auto-informe de todo lo que comían diariamente. Los resultados promedio fueron de 2000 kcal/día para las mujeres y 2500 kcal/día para los hombres (Nestle & Nesheim, 2012). Sin embargo, estudios posteriores que evaluaron tanto la ingesta como el gasto calórico en individuos sanos, encontraron que los participantes comían entre 25% y 33% más de lo que anotaban en sus auto-registros. ¿Qué podemos concluir de esto? Los individuos mienten o se engañan sobre lo que comen. Desde luego el auto-informe no es un buen método para estudiar esta cuestión. 

Schoeller (1990) fue uno de los primeros científicos en criticar la dependencia tradicional de los auto-informes de alimentación para determinar las necesidades energéticas. El autor defendió la validez del método del agua doblemente etiquetado para obtener datos fiables de lo que realmente necesitamos para vivir. Este método fue desarrollado en 1950 por Lifson y sus colegas de la Universidad de Minnesota y se considera el método más fiable para medir la tasa metabólica basal y el gasto energético. Consiste en administrar agua marcada con dos isotopos: deuterio (2H) y 18O y posteriormente medir su eliminación por parte del organismo mediante muestras de orina, saliva o sangre tomadas 7-21 días después de administrar dichos isotopos. Estas nos muestran la cantidad de CO2 producido, estimando con ello la cantidad de oxígeno consumido y por tanto el gasto energético. 

El método del auto-informe adolece de graves problemas: 1) las personas no prestan atención a todo lo que se llevan a la boca (¡gracias a Dios!), y 2) están contaminados por la vergüenza y la culpa que experimentan muchas personas por saciar su apetito. En contraste, el método del agua doblemente etiquetado demostró que en promedio ingerimos un 25% más de lo que pensamos y también consumimos más energía (Hebert et al., 2002). Esto nos lleva a concluir que una mujer sana necesitaría un promedio de 2500 kcal/día y un hombre unas 3000 kcal/día para mantener su cuerpo y salud (adultos mayores de 25 años pues a menor edad estamos en etapa de crecimiento y consumiríamos más). Así, un individuo sano entre 12 y 18 años necesitaría unas 3072 kcal/día (Schoeller & Schulz, 1994).

Si no es suficiente con lo anterior, veamos ejemplos más concretos: una mujer embarazada necesita unas 2854 kcal/día en el primer trimestre y 3092 kcal/día en el último trimestre de embarazo; los astronautas consumen una media de 2800 kcal/día en un espacio no gravitatorio donde su peso sería una constante de 0 kg; y los alpinistas a más de 16.000 metros de altura una media de 4700 kcal/día (Schoeller & Schulz, 1994). Seguro que es bastante más de lo que el TCA y muchos profesionales de la salud te han hecho creer. 

Una vez mostrados los datos aproximativos de consumo y gasto en mujeres y hombres que mantienen un peso estable sin alimentación restrictiva (estimando unas 200-400 calorías de margen de variabilidad dado que es imposible conocer exactamente cómo el cuerpo metaboliza la energía y que el ser humano es bastante desconocido en cuestiones termodinámicas), vamos a justificar porqué se necesitan las 2500 kcal/día y porqué se quedan cortas para recuperarse de un trastorno alimentario o dietas crónicas.


¿Por qué 2500 kcal son insuficientes para una recuperación completa?
Para explicarlo utilizaremos dos símiles extraídos del libro RRR de Tabitha Farrar. El primero propone comparar nuestro saldo energético con el dinero del que disponemos mensualmente en el banco. La mayoría trabajamos a cambio de un sueldo que nos permite pagar nuestras facturas, comprar comida, ropa… e idealmente ahorrar para posibles imprevistos y también para darnos algún capricho o ir de vacaciones. Hoy en día muchos vamos con el agua al cuello y haciendo malabares para llegar a fin de mes pero esto no es lo ideal, ¡es muy estresante! Pues podríamos aplicar esto a nuestro cuerpo, cada alimento que recibe son esos euros para pagar su funcionamiento: crear células nuevas, bombear el corazón, hacer la digestión, respirar, pensar, sentir, moverse, dormir… Para hacer todo eso, te pedirá “dinero” (imagina las moneditas de chocolate). Es más, no te pedirá lo mismo cada día, semana o etapa de la vida, porque así como en la vida hay cambios e imprevistos, nuestro cuerpo se somete a diferentes situaciones que pueden demandar más energía. Por ejemplo, si enfermamos con gripe las defensas tienen que trabajar mucho y nuestro cuerpo necesita estar bien nutrido; si practicamos más actividad física, es lógico que tengamos más hambre. En cambio un cuerpo bien nutrido en su peso estable, si un día come mucho por la razón que sea, es probable que tenga menos hambre para cenar, pero no por compensar, sino porque se auto-regula. 

Vayamos más allá. Imagina que te quedas en el paro o pierdes tu empresa, ¿qué ocurre? Pues que no sólo no puedes atender a tus gastos mensuales sino que además vas sumando deudas y descubiertos hasta quedarte en unos horribles números rojos. Traslada esta situación a tu cuerpo, la comida es ese dinero que no entra porque al restringir, purgarte, etc., no sólo has dejado de generar ingresos sino que poco a poco has ido acumulando deudas hasta plantarte en números rojos. Por el trastorno o la dieta has dejado de “pagar las facturas” del día a día de tu corazón, riñones, cerebro, hígado, estómago, músculos, huesos, vísceras, etc., y suma también los retrasos en esos pagos que han provocado daños serios en tu cuerpo. ¿Cuántas miles de monedas de chocolate necesitarás para saldar esa deuda y reparar el daño completamente? Igual que para saldar tu deuda con el banco puedes necesitar hacer horas extra o pedir ayuda a familiares, para salir de la desnutrición y reparar el daño necesitarás un tiempo de comer “más cantidad de lo normal”. 

El segundo símil es muy visual, incluso puedes practicarlo para que tu cuerpo experimente las sensaciones. Imagina que estás sin respirar un buen rato, por ejemplo, buceando. En cuanto pudieras tomar aire de nuevo, ¿cómo lo harías? ¡Pues con ansía y muy intensamente para llenar los pulmones de oxígeno! Es angustioso sentir que te falta la respiración, igual de angustioso es para tu cuerpo carecer de energía suficiente para funcionar. 

Esperamos que estas dos metáforas te hayan servido para comprender porqué 2000-2500 kcal/día son escasas para una recuperación completa. No permitas que tu TCA comience a rebatir esta premisa con argumentos como: “Pero no he restringido tanto tiempo” “Nunca dejé de comer” o “He comido poco pero de todo”. Da igual, en realidad el nivel de restricción puede afectar al tiempo que precises para recuperarte físicamente pero no al volumen de calorías que tu cuerpo necesitará para reparar el metabolismo. 

Lo mismo ocurre con el famoso “Pero si mi IMC es saludable” (rango 18,5-24,9). Lamentablemente el desconocimiento del origen de los TCA hace que a menudo los tratamientos estén mal enfocados, especialmente respecto a la rehabilitación nutricional. Estos tratamientos pueden considerar a una persona “recuperada” en cuanto entra en el IMC considerado “saludable”, al margen de la deuda energética que arrastra y el hecho de que el peso saludable para una persona concreta, ¡no lo determina una ecuación inventada en 1835 por un astrónomo llamado Quételet! 

Quételet no creó el IMC como un definidor de salud ya que tenía otra finalidad (estudios de población). Fue Ancel Keys quien lo rescató en 1972 y a finales del siglo XX se generalizó su uso entre los médicos, Institutos de Salud y compañías de seguros como supuesta medida de salud por su pasmosa simplicidad pero se ha demostrado su escasa fiabilidad. Por ejemplo, el matemático Keith Devlin, el Prof. Eric Oliver y el Center for Consumer Freedom defienden que el error del IMC es muy alto y por tanto inútil para evaluar la salud, especialmente para ciertos grupos de población (Campos, 2004). 

Para empezar, el patrón del IMC se calculó exclusivamente con población blanca europea obviando las diferencias genéticas existentes entre las distintas comunidades humanas. En segundo lugar, para los menores de 20 años el IMC no debería ni aplicarse, pues están en pleno desarrollo lo cual suele dar unos resultados “altos” que no pueden relacionarse en ningún caso con peor salud. Igualmente, para las personas altas los cálculos podrían dar un IMC más alto que otras más bajas con la misma composición corporal y estructura. En cuarto lugar, el IMC ignora la masa magra y la estructura ósea (ej., algunos deportistas tienen un IMC de obesidad por su volumen de masa muscular). Y por último y más importante, asociar peso a salud es uno de los mayores errores y disparates de la medicina contemporánea, resultado del PSCP dominante (Bacon, 2008). Por cierto, este interés desmedido por defender el IMC como patrón de salud viene de la poderosa industria de la dieta pues el porcentaje de población que posee de manera natural un IMC en el rango inferior (18-20) es muy pequeño pero así pueden comercializar todos sus productos y servicios adelgazantes. 

Para colmo la evidencia acumulada muestra que las personas con IMC dentro del rango considerado “sobrepeso” en realidad tienen mayor expectativa de vida y no tienen más infartos ni otras enfermedades que las personas con IMC inferiores. Como explica Matt Stone (2013), creer que la grasa no es sana es falso. En Estados Unidos las personas de más de 70 años categorizadas en el nivel 1 de obesidad (IMC 30) presentan las tasas más bajas de enfermedades degenerativas y una mayor longevidad, especialmente los que no han hecho dietas repetidas, restricción o ciclos yo-yo a lo largo de su vida.

Como escribe Paul Campos en "The Obesity Myth" (2004): “Al contrario de casi todo lo que has escuchado, el peso no es un buen indicador de salud. De hecho, es probable que una persona más grande pero moderadamente activa sea más saludable que alguien delgada pero sedentaria. Además, los esfuerzos de los estadounidenses por adelgazar a través de la dieta y las drogas son la causa más importante tanto del llamado sobrepeso como de la mala salud que erróneamente se le atribuye. En otras palabras, la guerra de Estados Unidos contra la grasa está ayudando a causar la enfermedad que se supone que cura. No hay pruebas convincentes de que una pérdida de peso a largo plazo sea beneficiosa para la salud, mientras que hay una gran cantidad de evidencia de que la pérdida de peso a corto plazo seguida de la recuperación del peso (patrón seguido por casi todos los que hacen dieta) es médicamente perjudicial. De hecho, hacer dieta es el mejor predictor del aumento de peso futuro.

¿Sorprendido? ¿Te estalla el cerebro? Respira. Con todo esto no estamos afirmando que necesites alcanzar un peso alto para estar sano (¡que no te boicoteé el cerebro restrictivo!), sólo queremos que comprendas y aceptes: 1) restringir y forzar tu cuerpo a un peso que no es el que le corresponde es de lo más insano que puedes hacer, y 2) el peso no puede ser el único criterio para decidir si estás físicamente recuperado. 

¿Quién definirá entonces tu recuperación y “peso saludable”? ¡Tu cuerpo! Sólo él sabe lo que necesita, sólo él sabe auto-repararse y para ello necesita mucha energía. Por eso te envía señales constantes de hambre, porque es inteligente, quiere sanar y para ello necesita muchas más calorías que una persona bien nutrida. Imagínate una máquina que lleva mucho tiempo sin funcionar, está muy oxidada y para que vuelva a girar tendrás que engrasarla bien. Pues con el cuerpo es lo mismo, necesitas darle todo lo que necesita para que, más allá de recuperar su peso natural, pueda reparar el metabolismo y el daño causado por la restricción. Y no desea kilos de brócoli hervido, sino alimentos densamente energéticos como pan, pasta, arroz, galletas, chocolate, dulces, lácteos, huevos, carnes o frutos secos, entre otros. 



Los mínimos en recuperación 
Sabemos por experiencia que seguir el hambre enorme que se presenta física o mentalmente (por mucho que la neguemos) es complicado, especialmente en el comienzo de la recuperación porque los miedos son muy poderosos. Por ello, existen unos mínimos orientativos que te pueden ayudar. Son las cantidades mínimas que necesitarías ingerir para una recuperación completa pero siempre tienes permiso incondicional para comer más y es lo esperable porque tendrás hambre de sobra con la deuda energética acumulada. De hecho, te recomendamos leer también este descargable sobre hambre extrema para entender qué demonios le puede ocurrir a tu cuerpo.

Pero volvamos ahora a esos mínimos de recuperación, los cuales obviamente no los hemos inventado nosotras. Además de ser coherentes con la investigación nutricional que hemos explicado previamente, se recogen en el Homeodynamic Recovery Method (Olwyn, 2017) antes conocido y popular en la comunidad de recuperación como "MinnieMaud Method". De hecho, este método es el resultado de más de siete años de investigaciones y análisis revisados bajo criterio empírico y científico (Olwyn, 2017). También la Dra. Rinaldi recomienda estos mínimos en su conocido libro “No Period. Now What?” (2016). De forma general y orientativa, se considera que: 


Necesitarás un mínimo de 2500 kcal/día, si:
o Eres una mujer de más de 25 años, mides 152-173 cm, has perdido la menstruación y/o tienes otros síntomas derivados de la restricción o inanición como frío constante, cansancio, mareo, bradicardia, pérdida de cabello, uñas quebradizas, dolor de cabeza, piel seca, etc.
o Esto aplica aunque no reúnas toda esta sintomatología y hayas hecho dieta poco tiempo o estado en un peso bajo para tu cuerpo. 

Necesitarás un mínimo de 3000 kcal/día, si:
o Eres una mujer menor de 25 años y mides 152-173 cm, has perdido la menstruación y/o tienes otros síntomas derivados de la restricción o inanición como frío constante, cansancio, mareo, bradicardia, pérdida de cabello, uñas quebradizas, dolor de cabeza, piel seca, etc.
o Eres un hombre mayor de 25 años y mides 162-183 cm.
o Se aplica también si has hecho dieta poco tiempo o el peso es bajo para tu cuerpo. 

Necesitarás un mínimo de 3500 kcal/día, si:
o Eres un hombre menor de 25 años y mides 162-183 cm.
o Eres una mujer con un nivel de actividad inevitablemente alto (ej., tener niños pequeños).
o Has perdido la menstruación y/o tienes otros síntomas derivados de la restricción o inanición como frío constante, cansancio, mareo, pérdida de cabello, bradicardia, uñas quebradizas, dolor de cabeza, piel seca, etc.
o De nuevo aplican si has hecho dieta o el peso es bajo para tu cuerpo. 

Excepciones y consideraciones
o Si mides más de la estatura establecida, añade 200 kcal a tus mínimos; si mides menos, puedes restar 200 kcal (pero no es necesario).
o Son siempre mínimos, pero puedes comer más siempre que quieras. 
o Mientras estés en recuperación física necesitas cesar el ejercicio y el movimiento superfluo. A menudo el trastorno alimentario acompaña la restricción dietética de movimiento compulsivo y con eso no sólo nos referimos al deporte sino a actividades cotidianas como limpiar, caminar o permanecer de pie pudiendo estar sentado. Son actividades que “tranquilizan” al cerebro con TCA y para recuperarte necesitas cesarlas temporalmente. ¡Tu cuerpo necesita toda la energía posible para repararse!
o Si has restringido severamente (en torno a 1000 kcal) o abusado de purga, diuréticos o laxantes, es recomendable incrementar las ingestas gradualmente los primeros días para evitar el llamado síndrome de realimentación (Golden et al., 2013). Esto es, aumentar 200-250 kcal cada día hasta alcanzar las 2000 kcal y ya de ahí establecer tus mínimos, ¡o más!

Objetivo: “Recuperación total”
En todo momento estos mínimos persiguen la completa recuperación a nivel físico y mental. ¿Qué es una recuperación total? Aquella en la que, no sólo has alcanzado tu set-point o peso saludable para tu cuerpo sino que también has reparado tu metabolismo y daños causados por el trastorno y además has reprogramado tu cerebro para que la comida ocupe el justo espacio que merece en tu vida, que veas que es algo importante porque te nutre y te da placer, pero ya está. No te obsesiona, no la cuentas constantemente, comes lo que tu cuerpo necesita y cuando quieres, comes unos días más y otros menos, comes independientemente de lo que te has movido, comes galletas y helados pero también ensalada y brócoli desde una decisión libre, no desde tu cabeza que todo lo quiere controlar. Comes sin rigidices ni reglas, sin rituales, compartes con gente sin comparaciones, ansiedad o vergüenza. Comes con hambre o porque “te apetece” (para tomar un bombón no es necesario estar famélico). Comes si estás estresado o cansado y tu cuerpo demanda más glucosa y paras cuando estás saciado. Cuando estás recuperado tu cuerpo confía en ti, sabe que habrá comida y por eso no está obsesionado con ella. ¿Aspiras a esta clase de libertad? Pues para conseguirla, lo primero es rehabilitarte nutricionalmente


Por desgracia muchas personas alcanzan su rango de peso comiendo menos que estos mínimos, a veces porque así se lo han pautado en un tratamiento. Nosotras mismas hemos pasado por esas experiencias ¡hasta pautar sólo 1500-2000 kcal para restaurar el peso! Por eso entendemos el miedo que podéis sentir al leer estos mínimos, también lo hemos sentido pero necesitáis confiar. Porque sí, en algunos casos se puede restaurar el peso comiendo una “mierda” ya que el cuerpo malnutrido se agarra a lo que le des tras tiempo de restricción y lo aprovecha al máximo resultado de un metabolismo suprimido en modo supervivencia, pero este metabolismo seguirá lento y te estancarás en un estado de cuasi-recuperación. Es decir, puedes quedarte con el trastorno en el cerebro sólo que con más kilos y siguiendo con hambre porque no has saldado tu deuda energética y tu cuerpo sigue sin confiar en que no volverá a la hambruna. Si estás leyendo esto seguramente no quieres quedarte a medias, sino luchar por tu recuperación total y te animamos de todo corazón. Puedes leer aquí más sobre recuperación total frente a cuasi-recuperación. 

La recuperación no es un proceso fácil ni física ni mentalmente pero necesitas aceptarlo, confiar y seguir adelante. Mientras el cuerpo emplea todo el alimento que le das para sanar, inicialmente retendrá liquido en las células y te sentirás hinchado o incluso con edemas pero conforme vayas avanzando la inflamación irá desapareciendo. Piensa que el simple hecho de digerir es un gran esfuerzo para un sistema endocrino que viene de la inanición y al principio también es probable que tengas gases, digestiones pesadas… Hay medidas que te pueden ayudar a llevar mejor estos efectos físicos como tomar enzimas digestivas, practicar técnicas de respiración para activar el sistema parasimpático y reducir la ansiedad, darte masajitos en la tripa… pero la solución nunca es volver a comer menos. 

Asimismo, tu cuerpo puede acumular temporalmente más porcentaje de grasa en la parte abdominal. Es una medida de seguridad que nuestro cuerpo hace en cuanto recibe calorías para proteger los órganos internos más importantes para la supervivencia como corazón, pulmones e intestinos. De ahí que puede aparecer la llamada tripa de recuperación (Farrar, 2018). Acaríciala y tómala como ese flotador que nos poníamos de críos para aprender a nadar. Luego el cuerpo redistribuirá poco a poco el peso más uniformemente en tanto no vuelvas a restringir. 

También puedes sentir un cansancio enorme, mareos, dolor de cabeza, acné… son todos efectos previsibles durante la recuperación, has parado y tu cuerpo por fin lo sabe, “tiene el permiso” para descansar y te lo gritará por todas partes. 

Conforme vayas nutriendo el cuerpo las calorías irán poco a poco a reparar huesos, órganos, tasa metabólica, temperatura corporal (se acabó llevar jersey en agosto), pelo y uñas, también la piel, el estado de ánimo, la energía, bajará el nivel de obsesión y paranoia… y por fin ¡verás luz en el túnel!

Es muy importante ser brutalmente honesto contigo mismo y seguir con las pautas de recuperación hasta que alcances la recuperación plena. No hay que volver a restringir una vez se entra en un “peso saludable” porque entonces te condenas a la cuasi-recuperación. Recuerda, tu peso y estado óptimo de salud lo decide tu cuerpo, no un médico ni una tabla de peso ideal. Y no, no vas a engordar y engordar sin fin. Si reparas tu metabolismo, la energía que hasta ahora se usaba para rellenar todo lo que te faltaba, se empezará a usar para tu día a día

El lenguaje que usamos para hablarnos es importante, y algo que nos ayudó mucho fue cambiar la palabra “engordar” por “recuperar el peso”. Implica reestablecer el equilibrio perdido y reconquistar lo que te corresponde, ya que por desgracia “engordar” es una palabra con connotaciones negativas en nuestra sociedad gordofóbica. Esto es sólo un inicio, porque es necesario trabajar mentalmente en reprogramar el conjunto de emociones, pensamientos y juicios negativos asociado a la palabra “gordo”. Gordo es un simple adjetivo descriptivo, como rubio, alto, zurdo, simpático o cariñoso, y no tiene nada de malo. Todos los cuerpos son capaces de cosas extraordinarias. Piénsalo, tu cuerpo te permite sentir, respirar, reír, llorar, bailar, enamorarte, viajar… ¡Tu cuerpo te mantiene vivo! pero para eso necesita alimento, dáselo y todo empezará poco a poco a rodar de manera natural y comenzará tu vida, la que elijas desde tu libertad. 

Este artículo está escrito en colaboración con mi querida amiga, Miriam Fernández, luchadora, resiliente, curiosa, inconformista y cabezota donde las haya. ¡Cualidades muy valiosas para vencer un TCA! 

Referencias
Bacon, L. (2008). Health at Every Size. BenBella Books.
Campos, P. (2004). The Obesity Myth. Gotham Books.
Donner, C. (2020). Al Diablo con las Dietas. Editorial Urbano.
Farrar, T. (2018). Rehabilitate, Rewire, Recover! Anorexia recovery for the determined adult.
Golden, N.H., Keane-Miller, C., Sainani, K.L. et al. (2013). Higher caloric intake in hospitalized adolescents with anorexia nervosa is associated with reduced length of stay and no increased rate of refeeding syndrome. Journal of Adolescent Health, Vol. 53.
Hebert, JB; Ebbeling, CB; Matthews, CE; Hurley, TG; Ma, Y; Druker, S; & Clemow, L. (2002). Systematic errors in middle-aged women's estimates of energy intake: Comparing three self-report measures to total energy expenditure from doubly labeled water. Annals of Epidemiology, Vol. 12.
Nestle, M. & Nesheim, M. (2012). Why Calories Count: From Science to Politics. University of California Press. 
Olwyn, G. (2017). Recover from Eating Disorders: The Homeodynamic Recovery Method
Oras, E. (2016). Brainwashed. Diet-induced eating disorders: How you got sucked in and how to recover.
Rinaldi, N., et al. (2016). No Period. Now What? A Guide to Regaining your Cycles and Improving your Fertility
Schoeller, D.A. (1990). How accurate is self-reported dietary energy intake? Nutrition Reviews, Vol. 48.
Schoeller, D.A, & Schulz, L.O. (1994). A compilation of total daily energy expenditures and body weights in healthy adults. The American Journal of Clinical Nutrition, Vol. 60.
Stone, M. (2013). Diet Recovery. Restoring hormonal health, metabolism, mood, and your relationship with food.

Deja tu comentario

Nombre
Comentario

Otras personas han comentado ...

Iris
17-07-2020
Me ha encantado este artículo, no paro de aprender y entender muchas de los procesos por los que mi cuerpo ha pasado. Mil gracias de nuevo :)

Respuesta:


Muchas gracias, Iris. Nos encanta saber que aportamos algo de luz al proceso de recuperación de tantas personas. A veces una pasa por estos cambios sin "entenderlos" en el momento y a posteriori todo va tomando sentido. Un abrazo fuerte.

Últimos artículos del Blog