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Cómo la ciencia me ayudó a recuperarme del TCA II


El experimento de Minnesota que expliqué en este post me abrió los ojos al enorme impacto que la restricción alimentaria provoca en la salud física y mental de los humanos en general. Claro que sabía que necesitaba comer más y ganar peso para recuperarme, pero desconocía que muchos de los síntomas psicológicos que sufría podían resultar de la propia desnutrición. Me había convencido a mí misma de que eran fruto de mi TCA o incluso de mi personalidad (ej., ansiedad). Me quedé impresionada por la descripción del comportamiento de esos hombres, su obsesión por la comida, la irritabilidad, el aislamiento, el hambre extrema, etc. ¡Esa era yo! ¿Por qué nadie me había explicado esto en los muchos tratamientos que había seguido a lo largo de mi vida? Me sentía tan furiosa como entusiasmada. Necesitaba seguir investigando. Fue entonces cuando di con el trabajo de la Dra. Shan Guisinger, psicóloga, terapeuta y académica que había desarrollado una explicación evolutiva de la anorexia nerviosa y otros TCAs restrictivos. 


La Perspectiva Evolutiva de los Trastornos Alimentarios
Las explicaciones dominantes de los TCAs se basan en los modelos psicosociales y biomédicos. Se ha generalizado la idea de que la anorexia nerviosa está “causada” por conflictos psicológicos, deseos de ser delgado, disfunciones neuroendocrinas o alguna combinación de estos factores. Todo esto ha convergido en el llamado modelo biopsicosocial que en la práctica muchos especialistas utilizan para tratar los TCAs. De hecho, este es el modelo que conocía desde que estudié Psicología y en el que había sido tratada con limitada eficacia durante muchos años. Y por ser el modelo imperante, antes de centrarme en la explicación evolutiva, echemos un rápido vistazo a las tres principales teorías sobre los trastornos alimentarios restrictivos.

Primero os hablaré de las teorías psicológicas, en mayor parte procedentes del psicoanálisis; éstas tienden a atribuir el rechazo a comer a una lucha por la autonomía psicológica y el control, especialmente entre la hija y su madre. Hilde Bruch fue una de las principales defensoras de esta teoría en los años 70. Desde este enfoque, los progenitores y el entorno familiar eran señalados como principales responsables del TCA. Se buscaba una psicopatología familiar, relaciones disfuncionales o pautas de crianza inadecuadas para explicar el origen del trastorno. Nada extraño, en esos años también se buscaba en la familia el origen de trastornos como la esquizofrenia y el autismo. Sin embargo, las evidencias empíricas no apoyan esa hipótesis: 1) no existe un patrón de correlación significativo entre “características familiares” y TCA, 2) los TCA se pueden presentar en personas de cualquier género (no sólo mujeres), edades (no sólo niñas) y épocas históricas (no son nuevos) así que la explicación basada en la lucha por el control y la autonomía no sirve, y 3) ciertos rasgos de personalidad como perfeccionismo correlacionan significativamente con los TCA y si bien puede ser que dichos rasgos ayuden a perseverar en la dieta o el ejercicio, en ningún caso es una relación causal. 

Después están las teorías sociológicas, que atribuyen a la cultura occidental patriarcal la principal causa en el desarrollo de un TCA. Desde este enfoque, dicha cultura ofrecería a las niñas y mujeres escasas salidas para la autonomía por lo que la “huelga de hambre” se convertiría en la lucha por su liberación. Esta explicación puede ayudarnos a entender que una mujer decida hacer dieta y también que las mujeres sean más vulnerables a desarrollar anorexia. Sin embargo, muchas evidencias no encajan con esta explicación: ¿Por qué sólo una pequeña porción de las mujeres que deciden restringir desarrollan anorexia?; ¿por qué los hombres (en teoría no oprimidos dentro de esa cultura) desarrollan también anorexia?; ¿por qué la anorexia se ha manifestado a través del tiempo y las diferentes culturas?; ¿por qué el síndrome anoréxico se manifiesta en otras especies animales? (No te impacientes, lo de los animales lo explico luego). 

Finalmente tenemos las teorías biomédicas que consideran que el síndrome distintivo de la anorexia resulta de procesos fisiológicos patológicos: una serie de anomalías en los sistemas endocrino y neurotransmisor implicados en el apetito. Dichas anormalidades neuroendocrinas se han atribuido a defectos genéticos o bien a efectos secundarios de la malnutrición. Sin embargo la mayoría de estas anomalías se resuelven con la restauración del peso, los estudios con animales han reproducido las disfunciones neuroendocrinas en el laboratorio al someter a los animales a restricción y se ha encontrado que en personas con anorexia operan mecanismos fisiológicos de forma coordinada en respuesta a la hambruna que se oponen al patrón típico de respuesta en humanos sin anorexia. Por tanto, estas disfunciones neuroendocrinas pueden entenderse mejor como mecanismos evolutivos para facilitar la huida de la hambruna. 

En conjunto, estas explicaciones de los TCAs son incompletas y sobre todo incapaces de explicar todas las evidencias históricas, epidemiológicas, clínicas y biológicas existentes. Guisinger (2003) propone integrar estas teorías dentro de un marco evolutivo o darwiniano para que los investigadores puedan dilucidar las preguntas del porqué de los TCAs y desarrollar estrategias de tratamiento más eficaces. 

Explicación evolutiva
La hipótesis de la adaptación para huir de la hambruna propone que los síntomas distintivos de la anorexia (restricción de comida, negación del hambre, hiperactividad y baja autoconciencia del estado de salud) han evolucionado como mecanismos adaptativos en entornos de escasez de comida (Guisinger, 2003, 2008). La respuesta anoréxica habría permitido a nuestros antepasados nómadas cazadores-recolectores abandonar el entorno de escasez y migrar con éxito a otra tierra con más comida. Así, cuando un individuo genéticamente predispuesto a la anorexia entra en déficit de energía y pierde peso, pueden dispararse esas adaptaciones arcaicas. Nuestro cerebro interpreta que la carencia de energía entrante se debe a la hambruna independientemente de que la hambruna no sea real, ya que actualmente hay un supermercado en cada esquina. Pero eso no importa, si no hay energía suficiente en el organismo, el cerebro lo trata igualmente como “hambruna”. Sin duda la hambruna fue uno de los mayores problemas para nuestros antepasados y tiene sentido que la respuesta anoréxica resulte eficaz como defensa ante un problema humano en esos entornos ancestrales. 


El apetito y la ingesta son componentes de sistemas fisiológicos y conductuales altamente regulados. ¿Qué sucede cuando una persona o animal comienza a perder peso? Los mecanismos conductuales y neuroendocrinos conservan energía y aumentan el deseo de comer. Las tasas metabólicas se reducen hasta el 40% y el hambre incentiva a buscar comida. Si la hambruna continúa el individuo se obsesiona con comida, se muestra letárgico y deprimido. Estas adaptaciones fisiológicas, cognitivas y afectivas facilitan la supervivencia en tiempos de escasez (Anderson & Kennedy, 1992). 

Sin embargo, la situación ecológica durante la mayor parte de la humanidad no fue la misma que tenemos en la actualidad donde muchos humanos tenemos el privilegio de vivir en entornos favorables. Durante el Paleolítico, las poblaciones humanas preagrarias vivían como tribus nómadas pequeñas. Cuando perdían peso por la falta de alimento algunos individuos podrían haber sobrevivido gracias a buscar mejores opciones de comida en otro lugar. En este caso, la letargia que conserva energía y el hambre que motiva a buscar comida localmente no serían adaptativos. Para migrar a lugares lejanos algunos cuerpos habrían desactivado las adaptaciones usuales ante la hambruna. Así, la capacidad para dejar de buscar localmente comida, sentirse muy energético y negar la propia delgadez, habría facilitado el enorme esfuerzo de migrar hacia otro lugar con más comida. Si os fijáis, podemos extrapolar esto con la sintomatología central de la anorexia que incluye tres adaptaciones relevantes para la supervivencia en las condiciones de hambruna pasada: evitar la comida, hiperactividad y negar el hambre asociado a la distorsión de la autoimagen corporal. Esto tiene sentido, ¿no crees? La biología es tremendamente inteligente. 

De la explicación evolutiva de la anorexia nerviosa, podemos establecer las siguientes conclusiones:
> Los síntomas centrales de la anorexia debieron tener sentido adaptativo para los individuos migrantes que se mataban de hambre para encontrar entornos con más comida que mejorarían la supervivencia de ellos mismos y de su tribu. 
> La anorexia debería ser relativamente independiente de la psicopatología: cualquier práctica que lleve a personas genéticamente susceptibles a perder peso, puede ponerles en riesgo de desarrollar anorexia (ej., hacer dieta).
> Deberían existir registros históricos de la anorexia: hay pruebas que demuestran que la anorexia ha existido a lo largo de la historia con sintomatología estable a través del tiempo y la cultura (Vandereycken & van Deth, 1990). Algunos casos conocidos son los santos medievales que ayunaban como penitencia, Catalina de Siena, Virginia Woolfe, Juana de Arco o Eleanor Roosevelt. 
> El rechazo de la comida debería presentarse en otras especies animales cuando comer compite con actividades cruciales para la supervivencia o la reproducción. Otras especies de animales, como las aves, migran en respuesta a la hambruna y evitan también comer para migrar con éxito.
> El síndrome anoréxico debería encontrarse en otras especies animales que habitan nichos ecológicos similares cuando el peso baja notablemente. Estudios de campo han observado el síndrome anoréxico en cerdos de granja y estudios de laboratorio han reproducido los resultados en roedores. Por ejemplo, cuando las ratas son sometidas a restricción perdiendo un peso importante, empiezan a desarrollar una frenética actividad y apenas comen cuando se les vuelve a dar acceso libre a la comida (Pirke et al., 1993). 
> Las compulsiones de evitación de comida y movimiento se deberían sentir como impulsos más urgentes que otras necesidades. ¡Doy fe de ello! No había nada más importante que estas compulsiones cuando estaba metida en mi TCA. 
> La respuesta anoréxica debería ser más probable en razas que hayan abandonado más recientemente la vida nómada. Los estudios epidemiológicos apuntan en esta dirección, aunque se requiere más investigación.

Los cambios fisiológicos, metabólicos, cognitivos y conductuales que ocurren durante la anorexia son consistentes con la explicación evolutiva. ¡Os animo a leer el artículo de Guisinger porque no os dejará indiferentes! 



¿Cómo mejora la explicación evolutiva nuestra comprensión de los TCAs restrictivos? 
Permite dar cuenta de las múltiples evidencias que son inconsistentes con el modelo biopsicosocial, añadiendo coherencia, claridad y una explicación del por qué y no sólo del cómo de un TCA. La anorexia pudo ser una respuesta adaptativa para la supervivencia de nuestros antepasados en entornos de hambruna de manera que fue seleccionada y pasó a formar parte del legado genético de algunos individuos. Esto apunta directamente a una base genética de la anorexia de la que hablaré en otro artículo. 

¿Quiere decir que las personas genéticamente predispuestas están condenadas a sufrir anorexia nerviosa? 
No, la susceptibilidad genética es insuficiente para activar la respuesta anoréxica. Se requiere un déficit energético prolongado: el individuo tiene que pasar por un periodo de restricción calórica o pérdida de peso. Esta pérdida de peso puede ser intencional (ej., seguir una dieta) o no intencional (ej., perder apetito por una enfermedad). En otras palabras, el déficit energético es la llave que abre la puerta de la anorexia en individuos genéticamente susceptibles. 

Entonces, ¿las explicaciones de mi TCA basadas en el perfeccionismo, la baja auto-estima, un trauma o la cultura de dieta no son válidas? 
Es importante diferenciar entre las causas de un trastorno y los factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar uno. Los factores individuales, psicosociales y culturales del modelo biopsicosocial desempeñan un papel importante en el desarrollo o mantenimiento de un TCA pero no en forma de “causas suficientes y necesarias”, por lo que no tienen que darse en todos los casos. Os pondré dos ejemplos de cómo se puede llegar a una anorexia. El primero está basado en mi propia experiencia: con 13 años no me gustaba el cambio que había dado mi cuerpo (insatisfacción corporal); empecé una dieta para adelgazar (hacer dieta) con mi mejor amiga porque esperaba sentirme mejor y que los demás me quisieran más (baja autoestima). No fue difícil encontrar una dieta entre las revistas de mi madre (cultura de dieta). Empecé a restringir y perdí peso. Mi mejor amiga abandonó la dieta pero yo seguí porque cuando empiezo algo lo acabo (perfeccionismo). Perdí aún más peso (déficit energético significativo). ¡Y el pack completo de la anorexia apareció! El segundo es el caso de un hombre de 25 años con dolores de estómago recurrentes. Acude a varios médicos pero ninguno le da una solución eficaz para sus dolores de estómago que aparecen después de las comidas. Sin darse cuenta empieza a comer menos y a perder peso. Los dolores se intensifican, come cada vez menos y pierde más peso (déficit energético significativo). En pocos meses evita cada vez más alimentos alegando que le hacen sentir mal, empieza a correr todos los días y se siente fuerte cuando sus amigos están muy preocupados por su salud. 

¿Qué me hubiera pasado si en lugar de hacer dieta hubiera optado por otra “solución”? Podría haber desarrollado otro problema o no pero mientras que no hubiera caído en un déficit energético prolongado, mis genes anoréxicos se habrían quedado dormidos. ¿Qué le hubiera pasado al joven del segundo ejemplo de haber resuelto los dolores de estómago? Probablemente no habría restringido y perdido peso de forma involuntaria y la respuesta anoréxica no se habría activado. 

Son dos ejemplos que ilustran cómo se puede llegar a un mismo destino (anorexia) por diferentes caminos, pero ambos comparten: el déficit energético prolongado. Por tanto, la explicación evolutiva de los TCA no niega el papel de los factores psicosociales y culturales, simplemente los pone en su sitio. El Manual Diagnóstico de Psiquiatría (DSM) asume que las personas con anorexia comen poco y hacen ejercicio por su “rechazo a mantener un peso normal”. La pregunta es: ¿Y si la dirección de esa cadena causal es justo al revés: la persona con anorexia rechaza mantener un normopeso porque come poco y hace ejercicio? ¿Y si el propio hecho de comer poco en las personas genéticamente susceptibles desencadena la anorexia? La hipótesis evolutiva invita a reconsiderar esa dirección causal, lo que permite encajar las evidencias que parecían inconsistentes. 

Los TCAs pueden explicarse desde diferentes perspectivas (ej., psicológica, sociológica) y nuestra respuesta puede diferir según la perspectiva adoptada. Pero hay dos niveles explicativos que conviene diferenciar: uno es el nivel proximal que responden a las preguntas del cómo y otro es el nivel distal que responde a las preguntas del por qué (Guisinger, 2008). La pregunta del cómo investiga la ontogénesis o desarrollo del TCA en un individuo, considerando factores familiares, sociales, etc. La pregunta del por qué investiga los orígenes evolutivos. La mayoría de las explicaciones de TCA se han focalizado en el nivel proximal; la teoría evolutiva adopta un nivel distal para llegar a sus causas últimas. 

¿Qué implicaciones tiene la explicación evolutiva para la recuperación?
1. Nos ayuda a entender cómo evolutivamente se seleccionó la respuesta anoréxica porque pudo ser favorable para la supervivencia de nuestros antepasados. Ese legado genético ha pasado a formar parte de nuestro ADN. Sabemos que el déficit energético activa la sintomatología anoréxica, por lo que tenemos que hacernos responsables de nuestra salud y evitar entrar o mantenernos en dicho déficit.  
2. Si estás en déficit energético crónico es esencial restablecer completamente tu equilibrio energético y peso óptimo para que el síndrome anoréxico se desactive. ¿Cómo? Demostrando a tu cerebro que no hay hambruna: comiendo en abundancia y regularmente a lo largo del día y respondiendo a las señales de hambre física o mental. 
3. La respuesta anoréxica fue diseñada para durar un periodo breve de tiempo a fin de proteger la supervivencia del individuo. Al encontrar el entorno con comida abundante nuestros antepasados con anorexia serían animados por la tribu a comer sin restricciones, descansar y recuperarse. Por desgracia en nuestra cultura de dieta, esa tribu que apoya la recuperación a veces no existe. Las personas con TCA no siempre son animadas a comer libremente o incluso reciben tratamientos con restricciones dietéticas o calóricas. Como resultado la anorexia sigue activa demasiado tiempo y el cerebro se programa con los miedos, cogniciones y hábitos restrictivos disfuncionales. Procúrate un entorno que te ayude a comer sin restricciones y descansar. 
4. Los impulsos de la anorexia están biológicamente condicionados. Por ejemplo, el pánico que puedes sentir al comer tarta de chocolate o la culpa posterior está sujeto a fuerzas biológicas que adoptan la forma de emociones intensas. Busca toda la ayuda externa que puedas para superar esos impulsos, ya sea psicoterapia, coaching de recuperación, nutricionista, etc. 

Cuando terminé de leer los artículos de Guisinger, lloré como una magdalena pero no de tristeza sino de alegría. Por fin alguien me daba una explicación convincente de mi anorexia; por fin dejé de culpar a mis padres, mi personalidad y mi cultura del infierno que había sufrido. ¡Cada vez veía más claro el camino a seguir!

¿Qué te parece la explicación evolutiva de los TCAs restrictivos? ¿Te da pistas sobre cómo recuperarte o ayudar a otros a recuperarse?   

Referencias: 
Anderson, G., & Kennedy, S. (1992). The biology of feast and famine: Relevance to eating disorders. San Diego: Academic Press.
Guisinger, S. (2003). Adapted to flee famine: Adding an evolutionary perspective on anorexia nervosa. Psychological Review, 110(4): 745-61.
Guisinger, S. (2008). Competing paradigms for anorexia nervosa. American Psychologist, 63(3): 199-204.
Pirke, K., Brooks, A., Wilckens, T., Marquard, R., & Schweiger, U. (1993). Starvation-induced hyperactivity in the rat: The role of endocrine and neurotransmitter changes. Neuroscience and Biobehavioral Review, 17, 287–294. 
Vandereycken,W. & van Deth, R. (1990). From fasting saints to anorexic girls. New York: New York University Press. 

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Lara
13-12-2019
Mi recuperación tuvo un antes y un después y ocurrió cuando entendí que genéticamente estaba predispuesta a tener un TCA y que lo activé al entrar en déficit energético.

Ojalá cada vez más personas sepan esto y entiendan lo peligroso que puede llegar a ser hacer dietas.

Además, esta teoría demuestra lo maravillosos e inteligentes que son nuestros cuerpos y cómo hacen todo lo posible por sobrevivir. Y también que una recuperación plena es posible

Respuesta:


Me pasó lo mismo. La explicación evolutiva de la anorexia es la que más ha resonado conmigo de todas las que he leído o me han contado. Toda la “matrix desordenada” tiene sentido desde este enfoque. El nivel de pánico que podemos llegar a experimentar ante la idea de comer más y de todo o simplemente descansar, dormir y reposar en determinadas fases de la enfermedad no puede ser solo “cultural/social/psicológico”. Tiene que haber algo más. Y ese algo más son los “genes”. Más sobre esto en el próximo artículo.

María
12-12-2019
Nunca había enfocado la anorexia desde un punto de vista evolutivo pero la hipótesis migratoria de Guisinger tiene mucho sentido y me ayuda entender muchas cosas. Si la anorexia ha existido siempre tiene sentido pensar que existe una base genética. Donde puedo conseguir el artículo? Gracias!

Respuesta:


¡Me alegra que te haya servido para entender mejor el trastorno! Puedes descargar el paper original de Shan Guisinger desde su web: http://www.adaptedtofamine.com/

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